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Diario de K (2010-2022) Karmelo C. Iribarren Prólogo de José Luis Cancho Editorial Papeles Mínimos / Narrativa Madrid, 2022 |
IR TIRANDO
El despliegue poético de Karmelo C. Iribarren (San Sebastián, 1959) se
compiló en el volumen Poesías completas
(1993-2019), editado en 2020 por Visor, la misma editorial que ha impulsado
la publicación de las últimas entregas del poeta, Un lugar difícil (2019), El
escenario (2021) y La última del domingo (2024). Estas salidas culminan un basamento de sólido anclaje que
ubica al autor en la primera fila del espacio poético contemporáneo. El
discurrir lírico convive con otro registro literario, la autobiografía, presente
en la entrega Diario de K. (2014), una obra en prosa en torno al
extrañamiento de lo cotidiano en la que el yo poético se convierte en
espectador de un tiempo existencial. El
despertar genera relieves, fragmentos y mutaciones. Da singularidad a la
oscura pequeñez de lo diario.
El poeta, escritor de diarios y novelista José Luis Cancho alerta en el prólogo que el
paisaje verbal del ideario realista no es un ejercicio de mimetismo sino una
reconstrucción nacida de la contemplación de lo inmediato. Los paseos de Karmelo
C. Iribarren por el barrio viejo de San Sebastián prodigan una mirada nómada,
dispuesta a la percepción sensorial, la captura estética y la reflexión crítica.
Así nace ese diálogo confidencial entre escritura testimonial y representación
artística. Un cauce de largo recorrido que constituye el venero básico de Diario de K. “un libro escrito contra la
banalidad y la pérdida de la realidad, pero también contra las diatribas
campanudas, contra las retóricas inanes”.
De inmediato se percibe que el diario de Karmelo C. Iribarren desdeña
normas básicas del convencionalismo autobiográfico. Las anotaciones no están
fechadas ni buscan la ubicación urgente de la verosimilitud espacial. Como
resalta la cita de Josep Pla: “la vida es una cosa complicada y difícil,
imposible de definir, que consiste en ir tirando”. Tampoco los textos tienen la
naturaleza enunciativa de quien describe lo que pasa en la calle y cuenta un
recuerdo o una situación, sino que, con frecuencia, emplean, en su léxico
coloquial, el preciso formato del aforismo: “El futuro nunca es para tanto, y a
veces es peor”, “El desconfiado te mira siempre por la mirilla”, “Lo importante
suele pasar ante nuestros ojos, pero de incógnito”, “Para vivir no se necesita
demasiado, pero siempre hay algo que nos falta”, “No pienso como tú porque
pienso. Piénsalo”. . Alguna vez, conversando con el poeta por algún proyecto
literario común, Karmelo C. Iribarren argumentaba que no sabía si era aforista;
naturalmente, las teselas de Diario de K.
dibujan con escueta precisión el perfil aforístico del poeta, esa música de
fondo que une pensamiento y poesía y clarifica que el escritor no es solo un
aforista sino uno de los mejores del momento, dispuesto a reclamar sitio en
cualquier antología del género.
Recuerda el donostiarra que “La intimidad es como el universo, no tiene
límites, todo es apasionado afán de búsqueda y de descubrimiento en ella”. Este
pensamiento convierte en ejes de cada texto la emoción, el monólogo interior intimista y
el uso de una voz compartida con el hombre de la calle que conserva la apostura
y el sentido del humor, también en ese tiempo de relleno del fin de jornada,
que hace del día una página reiterativa, desalentada.
El
avance del diario opta por la cercanía, con un paso figurativo y coloquial, alejado de la abstracción conceptual, tendente a emplear la ironía como recurso
distanciador: “Hay gente que se entusiasma hablando de la muerte. Suelen ser
tipos de tez pálida, pelo lacio, graso, onanismo compulsivo e inclinaciones
filosóficas”, “iba de escritor maldito, pero se veía enseguida que solo bajaba
a los infiernos el fin de semana, y que lo hacía en ascensor, sin riesgo
ninguno”. En esta literatura de ficción, con apariencia de página realista y autobiográfica, es frecuente la
mirada a la propia escritura. La autocrítica desbroza, comparte propósitos,
advierte de los recodos y meandros del hecho creador. Supone también una
rehumanización de lo literario que da coherencia y naturalidad al discurrir de
la página: “Gran parte de mi poesía puede definirse como “el intento fracasado
de atrapar la inapresable lírica de un entusiasmo que se apaga”. Quien habla en
el texto, huye de la complacencia, enlaza impresiones con la mirada observadora
del lector, hace suya esa distancia que media entre realidad y propósito. Esta
preocupación metaliteraria afecta también a la consideración del propio diario
como estrategia expresiva que aglutina una filosofía vital. Las anotaciones,
más allá de su epitelio contingente, guardan la pasión por el saber y el
conocimiento de los rincones de la propia identidad; son indagación,
búsqueda, camino.
En los pasos autobiográficos de Karmelo C. Iribarren la desmitificación
es una tarea continua. Conviene reajustar el punto de fuga de lo solemne y
contemplar las cosas a tamaño natural; o mejor: entre la niebla, para borrar un
poco las asimetrías y claroscuros de la identidad. Los textos sugieren autenticidad;
la esencia narrativa perfila y humaniza. En los fragmentos de Diario de K. (2010-2022) se encierra el
sentido filosófico de quien aspira a sobrevivir entre personajes enfermos de
normalidad; gente nómada que deambula por el filo de un derrumbe inminente,
antes de perderse en algún punto oscuro del pasado. Todos participan de la
condición del indeciso, de quien baraja asentimientos y dudas, pero nunca
renuncia a una ética contundente y aséptica, incluso en medio de ninguna parte.
El hablante del diario sabe que la superficie de lo real es una zona de
riesgo.